Berto Romero nos regala otro divertidísimo monólogo de los suyos, en el que disecciona una vez más otro apartado cotidiano de nuestras vidas, pero con un enfoque con el que seguro que la mayoría no se ha parado nunca a pensar. Por ejemplo, los cartuchos de tinta de tinta de las impresoras. ¿Alguna vez te has parado a hacer un cálculo de su valor real? Pues vas a alucinar, literalmente.

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